Javier Krahe en Marinaleda: El Cronicón .

Foro sobre Javier Krahe,

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Iván de León
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Re: Palo Palo: crónica de una sala que no supo estar a la al

Postby Iván de León » Wed Apr 14, 2010 10:32 am

Buenísima esta crónica por entregas.

El capítulo de la reserva no reservada, el mejor hasta ahora. Está tan bien descrito que ya creo que lo vi en persona... y al verlo, me quedé como usted. 8)
"Del malo te apartarás;
únete siempre a los buenos,
que si no ganas, al menos,
con ellos no perderás"

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Cocaqalamana
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Re: Palo Palo: crónica de una sala que no supo estar a la al

Postby Cocaqalamana » Wed Apr 14, 2010 12:10 pm

capítulo nuevo!! capítulo nuevo!!

lo sé, impaciente que es una... :roll:
Antes morir... que perder la vida

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Don Andrés Octogenario
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Javier Krahe en Marinaleda: allí estuve, allí lo vi, así fue

Postby Don Andrés Octogenario » Wed Apr 14, 2010 1:32 pm

Capítulo Cuarto: Con la muerte en los talones.

LLegué a mi coche cansado pero contento: en cualquier otra situación el incidente de la entrada ya me hubiese puesto sobre aviso que lo que ocurriría dentro del local a continuación no iba a estar mejor organizado que lo sucedido, y como lo sucedido ya me había desagradado pues era posible que no tuviese ganas de dejar más del tiempo y dinero del ya invertido con la sana intención de divertirme en manos de una organizaciónque mostraba en toda su idiosincrásia ser irresoluta e irresponsable. Pero se trataba de un concierto de Javier Krahe, y si él se esfuerza económicamente por llegar a nosotros... yo estaba dispuesto a adaptarme a ese contexto por llegar hasta él.

Abrí mi coche y me tumbé como pude a lo largo y ancho de los asientos traseros. Mientras fumaba un cigarrillo me dije "estoy muerto" . "Lo que daría yo ahora mismo por una ducha, un quinto de cerveza y una cama sobre la que descansar quínce minutillos...". Eran entonces las 20'30h para todos aquellos que nos encontrábamos dentro de ratio de efecto convenido para el huso horario propio del Meridiano de Greenwich ( también conocido como Meridiano Cero); es decir, que aun quedaban 3h exactas para las 23'30h (hora en que la sala anunciaba que sería el inicio del tan esparado concierto del ilustre Javier Krahe & The Tabique de Platino Happy Band).

Preguntando - dicen- se llega a Roma. Yo a Roma no llegué pero sí hasta Tony: un amabilísimo señor que por la módica cantidad de 25 leuros/noche te alquilaba una coqueta, cómoda y requetelimpísima habitación con una deslumbrante cama de matrimonio. Ello también incluía un limpísimo aseo con una ducha de un potente y reparador chorro de agua hirviendo. A lo que había que añadir también una enorme terraza con vistas y la absoluta libertad para entrar o salir de estas dependencias a cualquier hora del día/noche con absoluta independencia e intimidad. " No se preocupe usted, no soy una persona ruidosa" - le dije a Tony para tranquilizarlo. A lo que él me respondió con un determinante: " Y si lo eres mejor para tí".

Aseado y algo más descansado ya una hora despues, salí de nuevo a la calle entonces alumbrada por las estrellas de una noche sin luna. Ante mis ojos se perfilaba una Marinaleda distinta: los duendes reclamaban su noche.

LUISMA
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Re: Palo Palo: crónica de una sala que no supo estar a la al

Postby LUISMA » Wed Apr 14, 2010 3:43 pm

Perdón por la interrupción.
Glauka, mil gracias por la bienvuelta y por los versos de D. Mario (qué bonitos, ¿verdad?... )
No ha habido peligro de que ninguna tunecina me robara el corazón (sigue siendo tuyo, aunque tendrás que compartirlo), básicamente porque no he llegado a ir a Túnez.
Besos.

Todo suyo, Don Andrés.

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Re: Palo Palo: crónica de una sala que no supo estar a la al

Postby Invitada » Wed Apr 14, 2010 6:40 pm

Aprovecho el intermedio este para dar gracias a cucobarrascola, porponernos los enlaces del youtube
Cuco,bienvenido y gracias :P

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Don Andrés Octogenario
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Javier Krahe en Marinaleda: allí estuve, allí lo vi, así fue

Postby Don Andrés Octogenario » Wed Apr 14, 2010 10:38 pm

Capítulo Quinto: Pleased to meet you.

Salí con intención de cenar pero no tenía hambre. A dos horas aproximadas del anhelado encuentro el cuerpo me pedía mambo. En un quiosco cercano a la sala compré un litro de cerveza ("litrona" en la jerga de parque y canuto); me cobijé tras el muro posterior de la sala que daba a un solitario solar donde podría poner en práctica lo que un tiempo atrás fué todo un ritual de guerra*(1). Puse el coche cerca de mi con la intención de oir el "Elíg/jeme" mientras me hacía cargo de ese primer litro de cerveza y de un catártico join.

Manjar de dioses me pareció aquel fermento de cebada con el que desvelaba ese largo sábado de abstinencia. "¡Vamos a por otra pistofracto!", me indiqué. Caminaba ágil y volátil , ó volátil y ágil (no recuerdo en qué orden exactamente), entre escasas farolas y abundantes sombras de vuelta al quisco. Me atendía el mismo joven de hacía unos escasos quince minutos, pero yo ya no era el mismo cliente: el ritual había despertado al energúmeno, y algún payaso de trapo en alguna habitación infantil cercana seguro habría empezado a llorar serpentinas de colores.

- Dame un librillo- le dije. Y me lo dió. -¿ Que te debo?- le pregunté.
- Un euro- me dijo.
-¿Un euro?- le pregunté.
- Sí, un euro- me dijo.
- Vaya.- Puntualicé- ¿ Y de dónde lo has traído como para que valga un euro?- insistí.
- El chico me miró sorprendido, pensó serio, y me dijo: - Del estanco de Estepa-.
- Entonces es normal ¿ no?- le dije.
- Sí-.
- Bien entonces- concluí mientas los jóvenes colindantes nos miraban ojipláticos. -Dame además otra litrona-.
- Vale- tranquilo... - toma-.
- Este librillo de papel que me has dado está malo.
Se cortocircuitó: - ¿ ...está malo? - dijo mientras su mirada se abstraía en búsqueda de una posible salida a la situación.
- No hombre, no te preocupes, es broma- Pagué y me fuí mientras todos reíamos.

De esta guisa pues, sin cenar ni apetito, cansado, bebido, fumado, y escorando inevitablemente hacia la "side B" de mi vida interior, llegué a las 11'30 de la noche ( según hora marcada por mi reloj, sincronizado diariamente con el telediario de la mañana).

Comprobadas que todas mis extremidades articulaban correctamente y mi sentido del equilibrio - dado el contexto- resultaba aceptable, me lancé dispuesto a hacer cola para entrar al concierto... ¡¡¡EL CONCIERTO!!! ¡¡¡AL FIN!!!



*(1)Véase: http://www.youtube.com/watch?v=5UKFmts1520

CucoBarraScola
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Re: Palo Palo: crónica de una sala que no supo estar a la al

Postby CucoBarraScola » Thu Apr 15, 2010 4:51 am

De nada pá eso estamos...

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Don Andrés Octogenario
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Javier Krahe en Marinaleda: allí estuve, allí lo vi, así fue

Postby Don Andrés Octogenario » Thu Apr 15, 2010 8:54 pm

Introducción al Capítulo Sexto: Flashback.

Un concierto puede ser un concierto más, o puede llegar a ser un acontecimiento memorable en tu vida. De entre los escasos conciertos a los que he asistido en mi vida recuerdo especialmente dos:

El primero de ellos era yo bastante más joven y robusto, y me fascinaba la irreverencia, lucidez y originalidad de las canciones de La Polla Records. No pude evitar la oportunidad de verlos y conocerlos en su salsa cuando por azar del destino me los sirvieron en el Ateneo de una ciudad especialmente renombrada por su cultura punk dentro de círculos de dudosa reputación. Allí fuí yo y allí me integré. Entre decenas de hombres y mujeres de aspecto peligroso y completamente despojados de cualquier convencionalismo social me sentí un animal urbano más. Una vez el hiperactivo, divertido e inteligente Evaristo dió por comenzado el concierto, y tras un bautizo de cocacola que hizo que mi cabellera no destacara de entre las presentes, disfruté de uno de los ejercicios de camaradería más divertidos de los vividos a lo largo de toda mi vida. Todos saltábamos y nos empujábamos al ritmo que nos marcaba la música, era como una guerra bailada por el espacio, en la que todos caíamos sobre todos pero con el cuidado suficiente para no hacernos daño. En cuanto alguien se caía, todos le atendían. Si alguien se mareaba: lo sujetaban, le daban agua, lo sentaban, le aireaban... Todos bailábamos gritando al son de la música consignas antirrepresivas, frases que ensalzaban la dignidad humana. Por todas partes circulaban las botellas de refresco de 2 litros cortadas justo por su mitad y rellenas de Kalimotxo, whisky, ron... y váyanse a saber ustedes qué. Todos estaban invitados. El más mínimo malentendido era seguido de una sincera disculpa. Nadie se ofendía, nadie se molestaba. Fantástico. Divertidísimo.

El segundo concierto que recuerdo de manera diferencial con respecto a los demás es por razones bien diferentes. En este caso me sucedió una cosa que en absoluto me parece fuera de común -incluso para haberme mí-. Asístí también hace algunos años, gracias a los contactos de un compañero de piso inglés con el que por aquel entonces convivía, a un concierto de Lou Reed. Esperaba deleitarme con la desgarrada interpretación de un músico como éste, cuya historia y canciones había resultado un lienzo y un bálsamo para múltiples generaciones que crecieron en contacto con la cruda y cruel realidad de los barrios obreros más desfavorecidos de esta -hace tiempo ya- triste sociedad postmoderna y postindustrial. Fue decepcionante encontrarme frente a mi a un personaje engreído, comodón y desganado. En el escenario él, un joven bajista y un destartalado baterista de color -negro- muy canoso y de aspecto sexagenario (o más, sin exagerar). Tan aburrido me resultaba escuchar en directo a Lou Reed, y tan impresionante me resultaba ver bailar a ese abuelo canijo dando vida a la batería, que durante todo el concierto prácticamente ignoré a la estrellita que encabezaba el espectáculo para centrarme en la admirable habilidad de su percusionista (ese día injustamente relegado a un lugar secundario en el escenario). En un momento dado de la segunda mitad del concierto Lou Reed se acercó a su bajista y susurrándole algo le entregó la pua con la que estaba tocando su guitarra. El bajista, dando un paso al frente en el escenario y estirando su brazo con la pua entre sus dedos a modo de punto de mira lo dirigió hacia donde yo estaba - a escaso metro y medio entre un aforo total de unas 40 o 50 personas-. Mirándome a los ojos con gesto afectuoso me lanzó ágilmente la pua. Afectuosa y respetuosamente respondí a su gesto con una sincera sonrisa, con mis manos metidas en mis bolsillos dejé que la pua me golpeara en el pecho y a continuación cayera a mis pies. Retrocedí dos o tres pasos y permití que la jauría se desmembrara en la lucha por la reliquia. El concierto continuó y concluyó dos canciones después. Nada más terminar, noté que la mano de alguien urgaba en el bolsillo trasero de mi pantalón vaquero. Brúscamente me giré, y una niña de escasos trece o catorce años salía corriendo despavorida... Revisé el bolsillo y ahí estaba la pua. Y os doy fe, que tras muchos años de vueltas y mudanzas sin haber cuidado en absoluto de no perderla, aun me acompañana y reaparece por los rincones y cajones más inesperados de mi casa.

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Javier Krahe en Marinaleda: allí estuve, allí lo vi, así fue

Postby Don Andrés Octogenario » Thu Apr 15, 2010 11:48 pm

Capítulo Sexto: El Concierto.

Más tumbado que recto llegué a la puerta de la Palo Palo. Allí un mindundi de aspecto desgarbado guardaba la solitaria puerta de entrada a la sala donde además un pequeño grupo de amigos tomaba unas copas. Me acerqué y le entregé la entrada cuando derrepente uno del grupo vocifera a otro: " Esta noche te invitarás a una raya, no?". A lo que el mindundi añadió con sabiduría un: "Quillo, cortarshe un poquito". Cortó una esquinita de lo que era mi entrada (que por cierto era un tiquet impreso con el nombre de la sala y numerado sin ninguna particularidad más) y me invitó a acceder al recinto.

Una vez dentro descubrí que ya no existía separación entre el bar-antesala (donde compré la entrada) y la sala donde encontré a Fernando, López de Guereña y Pittwitz afinando sus instrumentos esa misma tarde, ahora la Palo Palo se descubría ante mí como una gran nave con una barra junto a la entrada, un escenario en el extremo opuesto, otra barra a lo largo de un lateral frente el escenario y los aseos en la pared lateral que nos queda. Justo encima de la barra junto a la entrada tenía un pequeño palco al que se accedía mediante una escalera que recorría toda la pared lateral donde se encontraban los aseos comenzándo muy cerca del escenario.

Fue extraño - o decepcionante- entrar allí y encontrarme unas 30 personas rodeando un televisor junto a la barra de la entrada viendo todos el futbol. Creí que venía a un concierto... de Javier Krahe... a las once y media hora peninsular... -"Pídete una cocacola, amijo, y haz nido en la barra junto al escenario donde ahora mismo no hay nadie"- me aconsejé. Y me hice caso.

Ahí semitumbado elegantemente sobre aquella oscura barra permanecí durante una hora y media más, a lo largo de la cual me debí tomar un litro de cocacola, fumarme unos quince cigarrillos, e incluso maldigerir un bienintencionado pero no esperado directo de cutrejazz por un inocente grupillo que a continuación te invitaba a comprar su CD por 10€ allí mismo. Yo, por no desmerecer su esfuerzo y buena voluntad, les perdoné la vida y reservé el botellín para quien con justicia más lo merecía.

La sala entonces -a mi vista- estaba casi llena con aproximadamente unas sesenta personas, para cuando finalmente sobre la 01'00h de la madrugada del ya Domíngo 11 de Abril de 2010, por fin entre las tiras de telón que indiscretamente ocultaban el escenario mientras los músicos se preparaban pude distinguir a una estrella y su guitarra tomando asiento. Tras él, Andreas inspeccionaba y preparaba su instrumento. Frente a ellos a escasos 2 metros y medio del escenario los observaba yo discretamente desde la barra.

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Javier Krahe en Marinaleda: allí estuve, allí lo vi, así fue

Postby Don Andrés Octogenario » Fri Apr 16, 2010 1:24 pm

Capítulo Séptimo: .

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Cocaqalamana
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Re: El Maestro en Marinaleda: bueno, bonito y barato.

Postby Cocaqalamana » Sat Apr 17, 2010 2:38 pm

:shock:

¿y estos cambios de título...? ¿y este capítulo siete enmudecido...? mmmm...
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Javier Krahe en Marinaleda: allí estuve, allí lo vi, así fue

Postby Don Andrés Octogenario » Sun Apr 18, 2010 1:37 am

Capítulo Séptimo: Si lo llego a saber, me enamoro de otra. De ti. . . ¡quita , quita!.

Sobre un escenario cualquiera... al sentir de un público cualquiera: un joven payaso es divertido y un payaso viejo es triste; un joven sabio parece un inverosimil payaso viejo, y Javier Krahe se mostró ante mis ojos como un viejo sabio: solemne y divertido.

Posicionados por el escenario él y sus músicos tal como acostumbran hacerlo aparecieron ante todos al abrirse el telón. Relajado, humilde y simpático rompía entonces Javier Krahe el hielo con uno de esos comentarios cómicos suyos y su chulesco acento, saludando y agradeciendo a su público la asistencia.

Javier López de Guereña concentrado, Andreas Pittwitz (con toda su cara de buena persona) revisaba el público, Fernándo Anguita... como si aquello no fuera con él. Un, dos, tres y....!!! ... quedó inaugurada la velada con un oportuno e incomparable "Pues Nada... Hombre". Me caló el tema y -por celebrarlo- mientras sonaba no pude evitar pedirme un roncola y - en señal de agradecimiento a los artistas- convidar a mis vecinos de barra a que se hicieran porros como antorchas. Poco o nada habían tardado estos "monstruos" del escenario en hacerse con el control emocional de la sala.

Mientras el Maestro nos seducía con sutiles y mordaces batallas de su rico poemario, López de Guereña y Anguita nos pintaban la sala con vivos colores y envolventes y confortables melodías. Pittwitz, cual maestro cirujano, incorporaba sus instrumentos de viento meciéndonos de allá para acá y zarandeándonos cuando así se lo exigía la partitura. Es única la sensación acústica que unos experimentados músicos como éstos saben producir en una pequeña sala. Había que reconocer que aquello estaba muy lejos de estar pagado.

Canciones..., muchas, muchas a lo largo de ¡¡ DOS HORAZAS!!de concierto. Todas con la correspondiente introducción o comentario desenfadado, jocoso e inteligente - y seguro que para algún despierto también, en su justa medida, lacerantes-. Como nadie sabe este maestro de las palabras tornarte la sonrisa de facilona a amarga, y depues de agria a bobalicona, y entre tanto afanrte espontáneas carcajada tras carcajada.

La complicidad del grupo en el escenario es envidiable: sus caras, gestos, miradas... completan una escenificación tan adecuada que incluso ante algún posible despiste de alguno de los músicos todos nos quedamos con la sensación de que se trataba de una bien medida cuña cómica. Se coordinan con tal desenvoltura que cabría decirse que si a Krahe se le escapase un ruidoso pedo en pleno show entre todos harían que oliese fenomenalmente divertido. Así, Inevitablemente, todo ello invita a su público a querer participar y no perderse ni un ápice de lo que allí hacen.

En cuanto a la sala... las copas son muy baratas. Un cubata podría costar sobre 2€. Lamentables fueron algunos elementos de entre el público sobradamente pasados de rosca, incómodos y groseros. Así como algunos camareros con ese mismo talante. El equipamiento musical del local era el adecuado para un concierto de estruendosas guitarras eléctricas y gritones vocalistas, pero incapaz de reproducir con fidelidad las sutilezas musicales de aquellos talentos con solera. Llengando incluso a petardear incómodamente algún amplificador o altavoz.

A lo largo del espectáculo hubo momentos para todo y todos. Krahe bailó peretidas veces, los músicos se marcaron un original, rápido y vitalista temazo salsón al compás que Javier Krahe marcaba repetidas veces con: "¡¡Sabor!!". Y elegantemente, sabiendo dar a su público lo justo en cada momento, sin necesidad de hacerse de rogar demasiado nos brindaron la apoteósica " La Tormenta". Con el público estremecido los músicos se despidieron siendo Krahe el último en abandonar el escenario siempre atento a todos nosotros. Contra viento y marea, con total éxito y maestría, al final habian capeado el temporal.

Con una sonrisa que me acompañaría hasta el mismo sueño me despedí del local, y de allí me llevé la segura convicción de que tendía que volver a verlos algún día. En un íntimo teatro donde permitan fumar y beber, ó en el salón de mi casa.

Hoy, siete días después, aun no me he recuperado de casi una "pulmonia" que sin venir a cuento pillé aquel día, pero eso -como diría Javier Solana- son efectos colaterales.

Salud amijos. :lol:

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Don Andrés Octogenario
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Javier Krahe en Marinaleda: allí estuve, allí lo vi, así fue

Postby Don Andrés Octogenario » Sun Apr 18, 2010 3:15 pm

Agadecimientos:

Agradezco a Sonja la Roja el apoyo logístico y emocional que tanto durante el concierto como en la posterior elaboración de la presente crónica me ha prestado. Sin su calor y estrecha dedicación a mis fines jamas hubiese sido posible nada de lo que en párrafos anteriores ustedes han podido leer y revivir.

Y como no, agradecido a todos ustedes mis lectores la fidelidad mostrada a lo largo de todos estos años, me despido llevándoos en el corazón y deseándoos lo mejor de aquí a la eternidad.

Hasta siempre a todos/as.




fin

Javier Lopez de Guereña
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Re: Javier Krahe en Marinaleda: El Cronicón .

Postby Javier Lopez de Guereña » Sun Apr 18, 2010 5:00 pm

Gracias por la crónica, D. Andrés. Muy emocionante. Si no llego a estar allí también, me lo creo todo.
No le perdono que no se haya identificado, hombre.

Iván de León
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Re: Javier Krahe en Marinaleda: El Cronicón .

Postby Iván de León » Sun Apr 18, 2010 11:44 pm

¡Muchas gracias, D. Andrés!... de lo mejor en el género "cronírico". :mrgreen:
"Del malo te apartarás;

únete siempre a los buenos,

que si no ganas, al menos,

con ellos no perderás"


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